28.07.26 Mini “mañanera del mar” (5:30 a 7h), que comenzó con el pique de pura “chiruza” (cochis, cabrillas, roncachos, mojarras plateadas y toros juveniles), en un ambiente hostil ya que había viento, superficie del agua a más de 31ºC, nubes (inclusive lloviznó), marea de subida muy viva (el agua estaba muy turbia) y basura antropogénica. Así estaban las cosas cuando de repente, una cañita se dobló de forma pronunciada y su carrete comenzó a sonar adrenaloicamente; cuando tomé el equipo me di cuenta de que era una pieza muy buena, cosa que vine a constatar hasta que la pude acercar a la Piñitas, lo suficiente como para distinguir una gran mancha rosada (por la turbidez), instante en la que comenzó a invadirme la angustia característica de todo pescador cuando un buen pez todavía se encuentra en el agua; después de que me alejé de la escollera y que lo acerqué en 3 ocasiones (y que obviamente, otras tantas el pez se alejó de mi), por fin pude darme cuenta de que venía prendido apenas, momento en el que la angustia escaló hasta niveles no aptos para viejos de casi 77 años. El uso de la red fue otro escalón de angustia (solo en el tercer intento lo pude introducir), hasta que finalmente lo pude subir a la embarcación para medirlo (52cm) y dar gracias al Señor por sus favores.

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